Condición de éxito del Anillo
Resolver estos últimos temas es condición clave para el éxito del Anillo Energético. Sólo si hay seguridad de que los países exportadores no van a interrumpir el suministro de gas (al contrario de lo ocurrido en el caso de Argentina con Chile), entonces habrá inversionistas dispuestos a pagar el costo de construir el gasoducto y las plantas eléctricas que usan gas. Sin esa seguridad no habrá gasoducto ni más electricidad.
¿Cómo se puede conseguir esa garantía de abastecimiento seguro y continuo? Algunos han señalado que se obtendría con un Protocolo Internacional aprobado por los Parlamentos de los países involucrados. Pienso que eso es una ingenuidad. Si el Parlamento Argentino hubiera votado como ley el Protocolo del Gas con Chile de 1995, igual el Gobierno de Kirchner no lo habría respetado. Otros plantean que el suministro se garantizaría si el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) otorga el principal préstamo para construir el gasoducto. Tampoco. Argentina debía miles de millones de dólares al BID y cesó el pago de su deuda, forzó una reprogramación y ha pagado cuando ha querido. Terceros piensan que el suministro no se cortaría (de Perú a Chile, en nuestro caso) si el gas debe ir también a Argentina o Brasil, que son países más grandes y con los cuales no existe una historia de guerras, rivalidad y búsqueda de represalias o cobro de cuentas pendientes. Esto podría ser verdad, pero lo dudo. El problema del gasoducto Perú-Chile-Argentina-Brasil es que tanto Brasil como Argentina podrían conseguir gas más barato desde Bolivia. Sólo Chile pagaría el mayor costo de traerlo del Perú.
Un cuarto argumento para convencer que este gasoducto desde Perú permitiría abastecimiento seguro es que habría una dependencia recíproca: Perú le vendería gas a Chile y Chile le vendería electricidad a Perú. Algo análogo podría hacerse indirectamente, con Chile entregándole electricidad a Argentina y éste otro producto al Perú. Esto sí permitiría más seguridad para impedir cortes arbitrarios; pero puede ser difícil de organizar y calzar.
El mecanismo más efectivo, poderoso y permanente para evitar incumplimiento de contratos de abastecimiento sería que explícitamente todos los Estados participantes sometan su intercambio internacional de gas a las normas del GATT o de la Organización Mundial del Comercio (OMC), incluyendo someterse a su sistema de Solución de Diferencias. De lo contrario los gobiernos sucumbirán a la presión política de quienes dicen (como ya han dicho parlamentarios claves del Perú) que “debe prevalecer la ley interna” o que “debe darse prioridad a la demanda nacional frente a la externa”, etc. Tal como ha justificado el gobierno argentino su interrupción de ventas contratadas a Chile. Bajo esos principios no habrá gasoducto. El GATT resuelve ese dilema con normas equitativas que todos los países involucrados han firmado, como es el Art. 11 del GATT (véase mi artículo sobre el tema de mayo 2004).
Chile no debiera aceptar que el gas natural se exima del marco legal del GATT que rige todas las demás exportaciones e importaciones, incluyendo las de trigo o petróleo (que también son de primera necesidad). El GATT y la OMC son el Acuerdo Comercial Multilateral y la Institución más reconocidos, aceptados y utilizados por todos los países que formarían el Anillo Energético para regular su comercio exterior entre ellos y con el resto del mundo. Todos lo han suscrito precisamente para defenderse de los abusos de países más fuertes y han comprobado la utilidad que les ha reportado. Espero que en las próximas reuniones del Proyecto y en particular en la reunión de Ministros de Noviembre próximo, los países acepten y se comprometan a que todo el comercio de gas que permitiría este proyecto sea regido por las normas del GATT. Sólo así éste se hará realidad y será parte de la solución a los problemas energéticos que enfrentamos.



