Desarrollo y Emprendimiento

Por qué este blog? Porque he dedicado mi vida profesional a aportar al desarrollo económico de Chile estudiando qué medidas ayudarían más al crecimiento y la equidad, y publicando lo que he ido descubriendo. Ahora quiero aprovechar esta tecnología para ampliar el diálogo con otros sobre este tema.

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Nombre: Ernesto Tironi
Ubicación: Las Condes, Santiago, Chile

Economista, empresario y educador (1947). Profesor Ingeniería Industrial Universidad de Chile, Asesor y Director de Empresas y de Sociedades del sector Educacional. Ex embajador ante Naciones Unidas y Gerente General de CORFO.

jueves, abril 21, 2016


Sr Director.
                Conmovido por la muerte del Presidente Aylwin, me pregunto qué lecciones podemos sacar  los chilenos de su vida para avanzar en los desafíos que  tiene hoy nuestro país. Y lo primero que me surge es no seguir en los temas del pasado y puntuales en que caen tantos periodistas, especialmente de TV, como las controversias de Aylwin con Pinochet, o en si aquel fue o no partidario del Golpe. ¿Por qué no mirar más  lo que nos une y lo positivo de cada uno como lo hizo él en su campaña presidencial? Preguntar, ¿qué legado nos deja Aylwin? ¿Qué podemos aprender de él para salir de los problemas que nos aquejan hoy? ¿Qué habría hecho él en estas circunstancias? ¿Qué esperaría de nosotros,  que ahora estamos a cargo?

                Se nos ha muerto un Padre de la Patria. Es un momento para aprender de él, estudiando su vida, sus sueños, su entrega por el país que compartimos. Esa podría ser la materia a pasar en todas las salas de clases de todas las escuelas y universidades de Chile estos próximos tres  días de duelo. Puede ser la tarea y regalo que cada profesor nos haga, para tener ciudadanos tan responsables como fue Don Patricio en cuidar el país que tenemos. Y los periodistas, que tienen tanta influencia como los profesores en la sociedad del siglo 21, ¿no podrán proponerse volar más alto, con preguntas de más profundidad y mostrando el contexto de su historia para que nuestros jóvenes de hoy se formen opiniones más fundadas?

Carta publicada por diario El Mercurio de Santiago, el 21 de Abril, 2016.

viernes, abril 08, 2016

Una Política Educacional de Consenso para la próxima década

Ernesto Tironi B.
19-3-6
         En nuestra carta hemos planteado  que  “en el último cuarto de siglo Chile ha tenido un  desarrollo exitoso que lo ha llevado ( ) a liderar la región en  crecimiento económico, salud, educación  y superación de la pobreza. ( ) Hoy percibimos que, en lugar de seguir avanzando,  lo conseguido está en riesgo de perderse por diagnósticos errados y un mal diseño de políticas públicas”. Además, que “Para enfrentar este problema se requiere de una profunda corrección”.
            Este planteamiento ha  tenido una adhesión que a nosotros mismos nos sorprende,   y que nos tiene aquí intentando comprenderla y encauzarla.
         ¿De qué manera se está dando eso en  el caso de la educación?
         ¿Qué correcciones hacer a partir de lo ya hecho por este gobierno en educación escolar y en educación superior?
         Estas son dos de las preguntas centrales que les invitamos a pensar y debatir hoy,  y para las cuales  ofrecemos  algunas respuestas y antecedentes que los fundamentan.
         Aquí me voy a centrar en educación escolar, dejando los principales temas de educación superior  a Hugo Lavados.
         Los diagnósticos errados de este gobierno sobre cuáles han  sido los problemas principales de la educación escolar chilena serían tres:    
                                      1. -  Que la selección de alumnos  realizada  por los establecimientos particulares subvencionados era lo que hacía  que los mejores estudiantes  tendieran a concentrarse  en ellos, dejando por eso a los colegios municipales con cada vez menos matrícula.
                                      2.-  Que el financiamiento compartido o copago que realizaban los apoderados  (que complementaba el ingreso estatal  de los particulares subvencionados), contribuía   a  la selección de alumnos, “falta de inclusión” e inequidad del sistema,    y
                                      3.- Que el lucro;  es decir,  la obtención de utilidades por parte de los dueños o sostenedores de colegios subvencionados,  significaba reducir los fondos que se dedicaban a los colegios o la educación propiamente tal.

         Un grupo grande de especialistas en educación, especialmente DCs, como la ex ministra (y profesora) Mariana Aylwin, pero que también incluye a otro ex ministro de la Concertación como el PPD José Joaquin Brunner,   han sostenido en cambio que los principales problemas que limitan la calidad de la educación escolar hoy son principalmente:
                            1.- La insuficiente  capacidad de los profesores y profesoras para realizar buenas clases a sus estudiantes dentro de sus salas de clases. Por eso ellos no logran   que los alumnos   aprendan todas las materias que deben para enfrentar los desafíos del siglo 21. Un reciente estudio de la OECD revela que  en Chile en 2012 “más de 52% de los estudiantes en matemáticas y 33% en lectura no alcanzaron  el nivel de conocimientos  básicos que se requieren para participar en la sociedad moderna; el doble que el promedio de los países de la OECD”. (Brunner, El Mercurio 12-3-6).  Y esto ocurre  especialmente en las escuelas  municipales.
                            2.- La mala formación de los profesores que conduce a la poca eficacia recién señalada, ocurre porque ingresan a estudiar pedagogía  personas  poco calificadas, por los bajos sueldos, las pocas perspectivas de  progreso  que ofrece esta profesión y por  las deficiencias de las universidades que los forman.   Y
                            3.- La baja calidad de la educación escolar se genera por la permanencia,  sin mejorar  ni cerrarse,  de escuelas de baja calidad, con malos resultados, mal dirigidas o gestionadas. Este fenómeno se da tanto entre escuelas municipales como particulares subvencionadas, y afecta  a menudo  a localidades rurales.
         Me abstendré, con dificultad y muy deliberadamente,  de dar mi interpretación de por qué prevaleció el primer diagnóstico y no el segundo. Me limitaré a recordar que fue una decisión eminentemente política y poco técnica. Aquí no se invitó a formar ninguna comisión de especialistas para debatir y proponer un camino. Predominaron por lo tanto algunos grupos de interés y sus organizaciones: estudiantiles, sindicales, de profesores y de parlamentarios.
         Pero no lloremos sobre la leche derramada
         El hecho es que en enero del 2015 se promulgó la última Ley de Reforma de la Educación Escolar, que está en medio de su implementación.
         ¿Qué hacer ahora?
         ¿Esperar  un próximo gobierno para “anular” la reforma hecha?
         Por ningún motivo.  No es ese el espíritu que anima a quienes hemos firmado la Carta de Enero. Lo hemos dicho insistentemente: no diferimos de los objetivos de equidad, justicia social y de  igualación de oportunidades que inspiran a este gobierno. Es con sus diagnósticos, políticas y prácticas  operativas que discrepamos.
         Además no creemos en las visiones ideologizadas, rupturistas y  globalizantes a las que algunos  parecen haber regresado. Tampoco nos creemos dueños de la verdad, ni de que nosotros solos sabemos qué se debe hacer en todo. Creemos en el estudio serio, el  trabajo en equipo y en la búsqueda de consensos. Especialmente en educación. Ya se han presentado demasiados  programas como “panaceas”  o soluciones fáciles que,  al final,  al no dar los resultados esperados,    lo  que más han dejado es  desconfianza y  cinismo tanto entre los directivos como, especialmente, entre los  docentes en las escuelas.
         Para decidir en qué poner el foco a futuro necesitamos entender mejor qué  “está en riesgo de perderse” con la Reforma ya hecha y por qué motivo.
         Lo primero en  riesgo. es lo que veníamos progresando (aunque fuera lento) en aprendizaje escolar.  La  semana pasada  el diario La Tercera (11-3-6) publicó  la noticia de un nuevo estudio, esta vez de la Universidad de Connecticut, EEUU, en que Chile figura en el primer lugar en América Latina en alfabetismo,  medido a través de 15 variables relevante: En el lugar  37 de 60 países. Superamos a México, Argentina y Brasil.
         Si  no logramos corregir o administrar muy bien esta reforma, me temo que en 10 años más la noticia será: “Argentina desplaza a Chile del primer lugar  en alfabetismo en AL”.
         ¿Por qué ocurriría eso?  Uno, debido a que con la reforma de carácter estatista  que se escogió,  es posible que la mayoría de las escuelas en Chile a futuro se parezcan más a las  municipales, de las cuales los apoderados han buscado sacar a sus hijos e hijas, antes que a las mejores subvencionadas  de cada comuna. Veremos, probablemente, que habrá más  falta de disciplina e inseguridad en los establecimientos. Y  burocracia y  luchas de poder político en la gestión, que es precisamente lo que ha debilitado a  muchas escuelas municipales. Autoridades educacionales nombradas por razones políticas y no técnicas;   poca autoridad de los Directores,   que conduce a  ausentismo y licencias excesivas de profesores,   poca motivación y, al final, nadie a cargo de corregir y mejorar.
         Segundo motivo de preocupación, es que los énfasis de la política educacional de este gobierno no ha estado en fortalecer principalmente las instituciones orientadas a mejorar la calidad de las escuelas a través de la Agencia de la Calidad y la Superintendencia de Educación recién formadas.  La Agencia estaría entrando en funciones recién este año, 5 después de promulgada la ley que y 10 después de ser propuesto por el Consejo Asesor formado por la Bachelet en 2006. A este Gobierno le interesa más que no se tomen tantos Simce, como propone el Colegio de Profesores y como contemplaba el Programa Presidencial de MEO. Sí le interesará  controlar que no vaya a haber selección, lucro o contrataciones con empresas asesoras relacionadas. Y pasar multas muy elevadas y publicitadas por eso.
         En tercer gran riesgo de esta reforma es que la centralización de las escuelas en nuevas entidades dependientes del Ministerio de Educación y no de las Municipalidades o de entidades independientes, puede llevar  a que a futuro haya negociaciones colectivas del sueldo de los profesores a nivel de todo el territorio nacional, comandado por el Colegio de Profesores.  Las huelgas del Registro Civil y de la Dirección de Aeronáutica del 2015 serán una pequeñez al lado de las que podemos ver a futuro por parte de los profesores.  Podríamos llegar a  tener  huelgas nacionales  al inicio de cada año escolar, como ha ocurrido en Argentina los últimos 15 años. Con razón superamos a ese país en resultados de la prueba PISA,  si por ese motivo ellos comienzan clases habitualmente con dos a tres semanas de retraso cada año en la mayoría de sus provincias.
         Y finalmente, tenemos el factor de incertidumbre de cómo se van a dirigir y cómo resultará la orientación de los colegios traspasados desde los actuales sostenedores privados a las Corporaciones sin fines de lucro. La gente no se ha dado cuenta que la reforma implicó la expropiación de un tercio de los colegios de Chile. El próximo año tendrán otro dueño. ¿Quién mandará realmente?  ¿Cómo se va a elegir a los nuevos Directores de esas escuelas? ¿Irán cambiando paulatinamente su orientación, sus prioridades? ¿En qué dirección? ¿Será necesariamente para mejor?
         Entonces propongo que  lo primero a realizar por una Política  de  Educación  Escolar para la próxima década, es mitigar los peligros que conlleva esta reforma  con su orientación tan estatista. Se deberá velar por una administración cuidadosa, técnica, orientada a dar un servicio de calidad. No una administración ideologizada, con visiones globalizantes. No basada en adhesiones a slogans que suenan bonitos, si no a lograr  resultados medidos  y  con  evidencia empírica. Esto requiere un gobierno también preocupado de escoger personal para la administración pública  en función de sus capacidades y no de sus orientaciones políticas. Un gobierno que crea y lleve a cabo una capacitación sistemática y de alto nivel de ese personal. Preocupado de la productividad  de los recursos.   Como hemos dicho en la Carta, necesitamos “un uso responsable y efectivo de los recursos públicos, haciendo de la eficiencia un objetivo permanente, mejorando y fortaleciendo las políticas focalizadas en los más pobres” (Pto. 6).  
         Se requiere un gobierno que esté constantemente evaluando desempeños y corrigiendo programas. Ampliando los efectivos y cerrando los que no funcionan.  No hacer lo anterior lleva inevitablemente a tener un Estado grande, gordo e inefectivo. Necesitamos uno pequeño, pero musculoso y efectivo en movilizar lo mejor del sector privado y público para generar los servicios de la calidad que queremos.

            Lo segundo que propondría para mejorar la calidad de la educación escolar,  es promover soluciones para las tres insuficiencias que este gobierno desestimó: el apoyo a los docentes para hacer mejores clases en sus aulas, capacitación específica en eso y mejorar su formación. También elevar el desempeño de escuelas con malos resultados o fusionarlas con otras de mejor nivel.  Hay demasiadas escuelas municipales rurales demasiado pequeñas  (con menos de 20 alumnos, y a veces con 7 o 12). No sólo son demasiado caras de mantener, sino que no pueden entregar la educación que esos niños necesitan para el mundo de hoy y de mañana. Deben reemplazarse por buses que los lleven a escuelas más grandes y transformar los locales que hoy tienen,  con Internet y facilidades deportivas,  en Centros Abiertos para toda la comunidad.

         En tercer lugar, propongo que destinemos más  recursos a expandir y mejorar la Educación Parvularia   y  la Educación Técnica-Profesional, antes que destinarlos a dar gratuidad de acceso de los alumnos de familias ricas a algunas universidades.  Dejemos la gratuidad que ya se concedió para sólo el 50% más pobre. Y dupliquemos en el próximo quinquenio el número de parvularios en las poblaciones pobres. Hay evidencia contundente de que los niños y niñas que acceden a educación pre-escolar  resultan ser mejores estudiantes,  lo cual les permite después llegar a la educación superior  -  con todo lo que eso implica para cambiar su vida entera. Por algo la mayoría de  las familias del quintil más acomodado envían a sus hijos a un Jardín Infantil. En cambio, muy pocas de aquellas  del quintil más pobre, los pueden llevar. Estas son las desigualdades que habría que corregir primero. Mucho antes que la gratuidad universitaria. Esto,  además, en  circunstancias de que   los pobres necesitan más los Jardines Infantiles  por el bajo capital cultural de los padres y  que la disponibilidad de Jardines le puede  permitir  a la madre trabajar ,  beneficiando así a toda la familia.
         Urge para esto formar parvularias mas competentes. Preparadas no solo para cuidar niños, sino dar apoyo socio-emocional a las madres y para desarrollar el lenguaje de los pequeños. Y construir Jardines, en lo cual NO se ha cumplido casi nada del Programa de Gobierno: 74% de los fondos asignados para este propósito en el Presupuesto Público del 2015 no se gastaron por parte de JUNJI. 130 millones de dolares no ejecutados...(El Mercurio, 12-3-6,pag.B8).
         Pocos saben que el 45% de los egresados de cuarto medio en el sistema escolar chileno salen de un colegio técnico- profesional y no de uno humanista. Ellos tienen una baja  posibilidad de seguir a la universidad. Dichos egresados salen peor formados y con menos probabilidades de corregir eso con el acceso a una educación superior. Sus colegios reciben menos recursos, y tienen profesores con menos nivel profesional. Para peor, los Centros de Formación Técnica e Institutos Profesionales a los que pueden acceder (como DUOC, INACAP, AEIP, etc.) fueron excluidos de la gratuidad por el gobierno en una decisión incomprensible.

         Si se quiere igualar oportunidades y favorecer a los más pobres urge corregir la discriminación que sufren los estudiantes del sector técnico profesional,  tanto a nivel escolar como superior.
         Y hay que formarlos para el mundo globalizado del Siglo 21. En lo técnico y también en los valores necesarios: capaces de tener y de generar confianza, de valorar el trabajo con personas distintas, de respetar irrestrictamente al otro diferente, de cumplir siempre la palabra empeñada y de ser abierto a lo nuevo y a los demás.
         Todo esto proponemos hacerlo buscando consensos con todos los grupos concernidos,  y en forma gradual y bien estudiada. Con todos significa no solo con el Sindicato o Colegio de Profesores y las Federaciones de Estudiantes Universitarios. También con los apoderados  y  los profesores no sindicalizados en sus escuelas.
         Como concluíamos nuestra carta:
“Vemos con preocupación que se impone una tendencia que privilegia expandir el rol del Estado sobre la solución efectiva de los problemas que enfrentan las personas”.

         "No queremos un Estado centralizador,  que con sus políticas coarte el aporte privado, menos aún que se coarte la libertad de enseñanza o se limite la autonomía de las personas e instituciones. Queremos un Estado que promueve los derechos de las personas y respete su libertad, pero que también convoque a los ciudadanos a ser responsables en la construcción de un destino común”.

            La democracia cristiana (DC) nació como una alternativa entre el socialismo estatista totalitario y el capitalismo egoísta e individualista que hoy rechazan amplios sectores de la sociedad nacional, especialmente los jóvenes.
         Por eso la Democracia Cristiana necesita hacer oír su voz y corregir esta reforma. Usar como criterio rector de su acción lo que ha sido su norte en toda su historia: el encuentro de un equilibrio entre lo estatal y lo privado, entre mercado y estado, entre libertad y regulación, entre lo inmediato y lo gradual. La DC nunca se ha opuesto a hacer reformas, sino a los cambios extremos e infundados,  que tienen riesgos demasiado altos de no funcionar.  En el fondo se trata de hacer en el ámbito educacional una transición como la que lideró la DC y Patricio Aylwin para alcanzar la democracia y para pasar del neoliberalismo económico al desarrollo con equidad de la Concertación. Creemos que ese papel articulador y moderador  de la Democracia Cristiana últimamente se ha perdido, pero sigue teniendo hoy plena vigencia.  Es tiempo de recuperarlo por el bien de Chile.


            Documento presentado en Seminario Propuestas de futuro
Organizado por el Grupo Progresismoconprogreso,
Santiago, 19 de marzo,2016.

martes, noviembre 17, 2015

Reforma Laboral para más productividad: Las indemnizaciones


            La Reforma Laboral amenaza con ser otra batalla ideológica que puede terminar en mucho daño. ¿No podría reemplazarse la actual por otra más simple, con efectos positivos seguros, por corregir normas que están realmente obsoletas? Este sería el caso, si se incluyera un cambio en las que regulan las actuales indemnizaciones.

            Primero preguntémonos, ¿Qué situaciones frenan más nuestro desarrollo en el área laboral? El mes pasado, el WEF de Suiza entregó el Ranking de Competitividad Mundial,  que mide precisamente ese aspecto en muchos países. Chile este año retrocedió de nuevo, cayendo al lugar Nº35, desde el Nº22 el 2005. Ese indicador es un promedio de 15 factores. ¿En qué estamos peor? ¿Qué nos tira para abajo? Pues son Salud y Educación Primaria (Nº74) y Eficiencia del mercado laboral (Nº63). Y dentro de esto último, en “Costo despido” ocupamos lugar Nº117 entre 140 países; retrocedimos 44 puestos desde el 2007. Eso viene de la Indemnización por años de servicio que la OECD ha recomendado cambiar desde hace años. Cosas como ésta debería corregir una Reforma Laboral bien pensada y no ideologizada.

            Hoy el pago de indemnización es de un sueldo por cada año de servicio, obligatoria para las empresas que despiden a un trabajador, pero no obligatoria de pagar para trabajadores que  renuncian. Esta es una de las disposiciones más injustas de nuestra legislación económica. Es una medida que castiga a las personas más trabajadoras, creativas y emprendedoras. Castiga, por tanto, a los más capaces de crear nuevos empleos. Por esto perjudica a nuestros más pobres y jóvenes compatriotas.

Antes de seguir, digo claro que, a pesar de sus defectos, no estoy planteando eliminar completamente las indemnizaciones, ni hacerlo de la noche a la mañana. Conocemos demasiado bien el poder de algunos y el temor de otros que harían abortar reformas como éstas sin compensaciones y plazos adecuados.

Los defectos del actual sistema son cuatro. Primero, muchos trabajadores más capaces se quedan de mala gana en sus pegas, trabajando sólo lo justo, pero sin renunciar porque dejarían de percibir su indemnización. Consecuencia: menos productividad.  Incluso algunas veces el empleado llega a boicotear a su empleador para que lo tenga que despedir, y así cobrar indemnización. Los dos pierden, lo pasan mal y se reduce la productividad promedio del país. Segundo, este sistema encarece la contratación, con lo cual las empresas contratan menos trabajadores y los reemplazan por maquinarias (como en la cosecha de vinos y olivos),  porque en realidad a la firma cada operario no le cuesta sólo lo que le paga y sus imposiciones, sino también el sueldo adicional por indemnización que representa como 9% más si lo despide antes de 11 años.

El tercer y menos considerado defecto, es que el actual sistema de indemnización sólo por despido castiga al trabajador que aspira a transformarse en empresario. Porque si intentara  iniciar algo propio, por encima de todos los riesgos que está tomando, al renunciar voluntariamente a su actual empleo pierde la indemnización a que tenía derecho. ¿Qué marido o esposa la/lo va a apoyar en eso?  Y como cada nuevo empresario que surge en el país necesariamente crea más de un empleo nuevo, el país pierde con esta norma.

Desde el punto de vista de las empresas, el actual sistema es igualmente  empobrecedor  para el país. El empresario de Pyme enfrenta cada año el dilema: "Estos 10 millones que conseguí ahorrar, ¿los gasto en capacitar a mis mejores trabajadores, en contratar una asesoría para exportar o, mejor,  en la indemnización para despedir a ese trabajador que "arrastra los pies"  porque  ya no quiere seguir?"  Y generalmente la decisión es gastar en el que no se lo merece para mejorar el clima laboral, en vez de hacerlo en capacitar más a los mejores que sí lo merecen y permitirían que todos progresaran más. Por el contrario, con la indemnización a todo evento el empresario deberá mejorar más los sueldos y condiciones laborales de sus buenos operarios para evitar que renuncien.

            Con la buena voluntad de suficientes parlamentarios, esta reforma se podría   aprobar. No da este espacio para entrar en detalles. La primera condición seria respetar los derechos adquiridos por los trabajadores actuales, y  hacer esto aplicable sólo a los nuevos contratados desde que se promulgue la nueva norma. La segunda, es que se repartan los costos de la medida entre empresas y trabajadores, ampliando la indemnización a todo evento a cambio de rebajar el máximo a pagar de  11 meses a 5 o 6  meses. Y la tercera, es que tengamos parlamentarios legislando por el bien común y no por los intereses de algunos grupos para ganar así su próxima elección.


Publicado en Pag.2 de El Mercurio el 16 de Noviembre de 2015

            

lunes, diciembre 29, 2014

Reforma educacional y Democracia Cristiana


Ernesto Tironi:"La Democracia Cristiana necesita hacer oír su voz y corregir esta reforma. Usar como criterio rector de su acción lo que ha sido su norte en toda su historia: el encuentro de un equilibrio entre lo privado y lo público..."
Sorprende la poca resistencia de los parlamentarios de la Democracia Cristiana (DC) al tipo de reforma educacional planteada por el ministro Eyzaguirre si uno considera cuidadosamente la historia e identidad de ese partido. Una educación con sentido social, libre y pluralista es constitutiva de la esencia de ser DC. Fue una de las grandes preocupaciones de todos los gobiernos encabezados por demócratas cristianos desde Frei Montalva. También la gota que rebasó el vaso de las diferencias de ese partido con el gobierno de Allende.

Por eso, con el diseño tan radical y estatista que el actual ministro dio a esta reforma, no cabe más que esperar numerosos conflictos. Si los parlamentarios DC aceptan la propuesta que salió de la Cámara de Diputados sin mayores cambios, pueden conducir a ese partido a derrotas electorales de gran magnitud y a una decadencia irremontable. Por el contrario, si la DC toma esto como una oportunidad para revitalizar su identidad y acercarse a la clase media -su grupo de referencia más propio-, puede resultar el partido menos afectado por la desafección ciudadana en curso.

La Democracia Cristiana nació como una alternativa entre el socialismo estatista totalitario y el capitalismo egoísta que hoy rechazan amplios sectores de la sociedad nacional, especialmente jóvenes. Por eso siempre se ha opuesto a la prevalencia de un mercado completamente desregulado y también ha planteado la necesidad de límites a la propiedad privada. Pero así también ha rechazado el estatismo socialista, especialmente en temas valóricos como la educación.

Por eso tampoco es casual que la gran mayoría de los apoderados y sostenedores de colegios subvencionados sean simpatizantes demócratas cristianos. Para una madre de clase media enviar a sus hijos a ese tipo de colegios era lo natural. Y para una persona de espíritu DC, interesada en el desarrollo del país con justicia social y creyente en el sentido social de la propiedad, nada podía calzar más con sus valores que invertir en formar colegios para grupos pobres en Maipú en vez de colegios particulares en Chicureo.

De modo que cuando surge este proyecto de terminar abruptamente con los colegios subvencionados privados por parte de un gobierno con predominio socialista, no es de extrañarse que se despierte el espíritu democratacristiano oculto de las clases medias mayoritarias de este país. Ese mismo espíritu apareció cuando Allende presentó su proyecto de ley sobre la Escuela Nacional Unificada (ENU) en 1973, que contribuyó decisivamente al término de ese gobierno, a pesar de que entonces el Presidente retiró rápidamente esa iniciativa.

Ahora en 2014, muchos dicen: "¡No te preocupes tanto, esto se va a corregir. No podría pasar en Chile hoy, que se ha vuelto un país más pragmático, educado y racional!". Eso mismo se dijo poco antes del golpe militar: aquí no ocurriría algo así. Y pasó, con las funestas consecuencias que todos conocimos.

El medio escogido por el actual ministro y sus asesores para poner fin al lucro tiene demasiados parecidos con malas políticas públicas a lo largo de la historia reciente de Chile. Por ejemplo, con la Reforma Agraria de fines de los 60 e inicios de los 70. Ambas son reformas basadas en eslóganes potentes y en la expropiación de propiedades. Autoridades y parlamentarios serios y estudiosos de la historia deberían estar conscientes de la magnitud de las heridas emocionales y las consecuencias sociales y políticas nefastas que este tipo de reformas puede dejar. Hay varias alternativas mejores.

Por eso la Democracia Cristiana necesita hacer oír su voz y corregir esta reforma. Usar como criterio rector de su acción lo que ha sido su norte en toda su historia: el encuentro de un equilibrio entre lo privado y lo público, entre mercado y Estado, entre libertad y regulación, entre lo inmediato y lo gradual. La DC nunca se ha opuesto a hacer reformas, sino a los cambios extremos e infundados, como los propuestos ahora, que tienen riesgos demasiado altos de no funcionar y de ser rechazados por la ciudadanía. En el fondo se trata de hacer en el ámbito educacional una transición como la que lideraron la DC y Patricio Aylwin para alcanzar la democracia y para pasar del neoliberalismo económico al desarrollo con equidad de la Concertación.

El papel articulador y moderador de la Democracia Cristiana sigue teniendo hoy plena vigencia. ¿Jugarán ese rol sus líderes de hoy?

Publicado en El Mercurio, Domingo 28 de diciembre de 2014

miércoles, septiembre 10, 2014

Condena a muerte de subvencionados laicos




                  El Gobierno ha enviado al final sus últimas correcciones (indicaciones) a su primer proyecto para reformar la educación. La mayoría de la gente está confundida, no entiende en qué consiste,  para dónde va ni quién tiene razón. Me preguntan que opino yo que estoy metido en el sector.
Mi respuesta es que estoy profundamente decepcionado de que un Gobierno progresista y libertario, por el que yo voté, termine insistiendo en terminar con la educación escolar de particulares para los pobres con dinero del Estado. Lo mismo que se hace en muchos otros sectores,  no se podrá hacer para proveer educación sin ser considerado un delincuente.
He revisado  las indicaciones entregadas por el Gobierno  y opino que el Gobierno decreta el fin de los colegios particulares subvencionados no religiosos. Establece su muerte lenta en 20 años sin compensar por lo invertido y aportado por ellos a la sociedad,  excepto que el Estado decida adquirirlo como único comprador a un precio fijado por él mismo.   Las consecuencias de semejante arbitrariedad no pueden sino ser una enorme pérdida para el país.

Hay “avances”, como se ha dicho, pero sólo  para el sector de educación ligada a la Iglesia. Para la educación particular subvencionada laica es el fin por agonía lenta.

Los colegios laicos, que son la mitad de la matrícula de los casi 6 mil colegios particulares subvencionados, van a desaparecer por la vía de cerrarse o ser adquiridos para ser administrados por el Estado. Los que creen que eso no ocurrirá se equivocan; será cosa de tiempo. La consecuencia será más establecimientos administrados como los municipales de hoy.  Por eso,  las aparentes “concesiones” que hace el Gobierno, como  declarar a los privados como “cooperadores del Estado en la prestación del servicio” en vez de “administradores”,  son solo un cambio semántico para intentar apaciguar apoderados; una cubierta dulce para la píldora letal.  A su vez, extender el copago por unos años, siendo fijado por el Ministerio,  y permitir  la postulación en los colegios en vez de la obligación de hacerlo centralizadamente en el Estado, son concesiones menores al lado de condenar a muerte a los colegios no religiosos.

Esta negativa propuesta  del Gobierno  llevará  a un desgastante conflicto político-ideológico para aprobarse.  Y probablemente terminen en el Tribunal Constitucional por discriminar entre entidades análogas.  Después se traducirá  en interminables juicios en los tribunales por demandas de los damnificados por las expropiaciones o compra-ventas obligadas de colegios  por el Estado a precios inferiores al de mercado.

Todo esto llevará a  desaliento, incertidumbre y paralización de inversiones e innovaciones que repercutirá negativamente sobre la enseñanza de muchos establecimientos subvencionados que lo hacen bien, y sin agregar nada para que los colegios actualmente  deficientes lo hagan mejor. Habrán logrado quitarle los patines a los que todavía patinan,  para dejar más niños sin aprender a patinar.
  
Ernesto Tironi B.

Publicado en El Mercurio,  10 de Septiembre 2014

lunes, junio 23, 2014

Salida para Proyecto de Educación Escolar*

Ernesto Tironi B.
22 de Junio, 2014
            El Proyecto de Reformas a la Educación Escolar parece encallado antes de salir del puerto. Aunque una mayoría circunstancial intentara imponerlo, quedarían tantos heridos, problemas de implementación y protestantes activos, que dudo que la Presidenta  deje de usar ahora su intuición para suspender este nuevo Transantiago.
                Tal vez pueda ayudar como salida mi experiencia y una sugerencia derivada de allí. Siendo un economista igual al actual Ministro, ingresé al sector educacional hace 15 años, pensando que con mis conocimientos de economía y gestión, más las teorías de los expertos sectoriales del momento, lograría un notable resultado y contribución al país. No fue así.
            Cuando asumimos la administración de la escuela en que invertimos, lo primero que hicimos fue reorganizarla, poner  bonos ligados al desempeño de profesores y funcionarios, así como los  incentivos típicos de empresas. También aplicamos los últimos programas educativos recomendados por los expertos del momento en el Ministerio y afuera. Creíamos que con eso bastaría. Pero al cabo de cuatro años el progreso en calidad o aprendizaje era casi nulo. Allí nos dimos cuenta que lo más importante es cómo y cuánto enseña cada profesor dentro de su sala de clases.
            Demasiados expertos opinan (y ahora proponen leyes) sin jamás haber tenido la experiencia concreta de ver cómo funcionan por dentro las escuelas. Eso nos pasó a nosotros, y me temo que algo parecido le va a pasar a las actuales autoridades.
            Han aconsejado mal al Ministro los expertos que afirman que hoy para mejorar la educación hay poner fin a la selección, el copago y el lucro.  Con que hubiera estado tres meses encargado de una escuela o de un Depto. Municipal de Educación, habría puesto el  acento en mejorar enseñanza en aula de  escuelas y liceos municipales. Con eso obligaría  a superarse a los particulares subvencionados, nivelando hacia arriba.
            El famoso fin del lucro es un estandarte de batallas ideológicas ajenas a la educación misma. Representa otra utilización de la educación como argumento en batallas políticas. Esos slogans suenan muy potentes. Pero son transitorios. Ya hemos pasado por “la tierra para el que la trabaja” y varios otros por el estilo.
            Con todo, existiría un compromiso de la  Presidenta de poner fin al lucro. Si es así, escojamos al menos el medio o instrumento más adecuado, y que no cause un daño colateral superior al bien a alcanzar. Ese medio no es la compra-venta forzada de colegios. Es matar moscas con un cañón.
            ¿Qué hacer a estas alturas cuando se ha presentado  un proyecto tan extremo,  ácido y  polarizante?  Sugiero algo  que podría inaugurar una nueva era en formulación de políticas públicas en Chile: el diseño de políticas por evidencia experimental y no por criterios teóricos o ideológicos. Usar más el método  seguido en la Reforma Procesal Penal para modernizar  la justicia, en vez del método de ingenieros y economistas en el TranSantiago para el transporte. Reformas grandes impuestas de una sola vez, sin ensayos parciales previos ni gradualidad, tienen el riesgo que ya conocemos. ¿Expondremos la educación a ese riesgo?
            Lo que propongo es que se prueben en terreno, en la práctica, la eficacia de medidas como las del Proyecto de Ley actual en un número reducido de comunas y regiones, y por un tiempo predefinido de tres a cuatro años, mientras simultáneamente se prueba en otras con medidas como la fijación de una rentabilidad máxima a los sostenedores. Terminado ese período,  evaluar si se alcanzaron los fines buscados y sus efectos o costos directos e indirectos. Según esa evaluación independiente y rigurosa, corregir y  decidir qué  tipo de reforma aplicar para terminar con el lucro a nivel nacional. Así, los medios más adecuados pasarían a decidirse más por la experiencia práctica en terreno que por ideologías.  Este método por evidencia experimental  puede ser especialmente valioso para abordar los temas complejos que vienen, como son la desmunicipalización y el estatuto docente.
            La herramienta alternativa que sugiero experimentar para poner fin al lucro de una tasa máxima de rentabilidad,  sería una que ya se usa hoy en Chile en servicios públicos como el agua potable. Hay precedentes probados. Si los sostenedores no ganan más que eso,  no habrá más lucro. Bajo esa condición nadie ingresará ni se mantendrá en el sector  sin tener vocación por la educación. Otra medida de efecto análogo a experimentar en lugar y tiempos acotados,  podría ser poner un máximo al arriendo a pagarse por infraestructura. Estas son normas en que también hay precedentes fiscalizados por el SII. Necesitamos reformas sensatas y simples que no ideologicen ni politicen más la educación. 

* / Publicada en El Mercurio, Lunes 23 de Junio 2014

Carta Pública al Ministro de Educación

Santiago, 19 de junio de 2014
           
Muy estimado Nicolás,
            Escribo preocupado por el curso de la reforma educacional y con la esperanza que aún se pueda corregir el rumbo considerando otras miradas a las soluciones propuestas hasta ahora.
            Por eso comienzo por compartir mi experiencia en el sector educación, en el que entré, como tú ahora, hace 15 años. También yo concluí entonces, como economista preocupado de lo público, que no había mayor desafío profesional ni mejor contribución al desarrollo de nuestro país que ayudar a mejorar su educación. Y porque, como dijiste bien hace poco en una entrevista, quería “devolver a la sociedad los privilegios que había tenido. Eso es lo que  me mueve a mí en la vida.”
            Entonces el año 2000, así como tú empezabas a trabajar en el Gobierno de Lagos, yo me transformaba en sostenedor (con fines de lucro, aclaro hoy) del Colegio Pedro Apóstol de la Población San Gerónimo de Puente Alto. Invertí en el  (con otros socios)  para contribuir a mejorar la educación en sectores pobres, generar rentabilidad a mis ahorros (en vez de hacerlo en acciones de la Bolsa) y aprender  del funcionamiento del sistema escolar para proponer con más autoridad cómo mejorarlo a nivel nacional. Esta vez decidí no aprender esta materia nueva estudiando  un doctorado en EEUU, como lo había hecho para aprender más economía después de egresar de la Universidad. A esa altura de la vida, 53 años, ya había aprendido que cambiar la economía, la política y la sociedad era mucho más complicado que lo que habíamos creído a los 25.
            Permíteme enumerar lo principal que creo haber aprendido de educación estos 15 años.
            Primero, que la visión o entendimiento que tenemos los economistas, ingenieros, empresarios y otros profesionales sobre  cómo funcionan las organizaciones educativas y cómo reaccionan los profesores difiere mucho de cómo estos operan en la práctica. Nuestras visiones y supuestos aprendidos en economía y aplicado en ese mundo disciplinario, no necesariamente son correctos ni válidos en el mundo educativo. Cuando asumimos la administración de la escuela que te mencioné, lo primero que hicimos para mejorarla fue aplicar nuestros conocimientos de economía y administración. Pusimos bonos ligados al desempeño de profesores y funcionarios,  controles e incentivos aquí y allá,  así como los últimos programas educativos recomendados por los expertos del momento en el Ministerio y afuera. Creíamos que con eso bastaría. La realidad fue que al cabo de cuatro años el progreso en calidad o aprendizaje era casi nulo. Allí nos dimos cuenta que lo que más importa es cómo y cuánto enseña el profesor dentro de su sala de clases.
            Ese fue mi segundo aprendizaje: que cuando empezamos a cambiar las prácticas del profesor en la sala de clases, el aprendizaje de los estudiantes se elevó sustancialmente. Así, por ejemplo, hoy el porcentaje de nuestros egresados que entran a la educación superior llega al 66%.
            Lo tercero que he aprendido, es que la educación es un proceso mucho más complejo de lo que creemos los economistas, cientistas políticos, sociólogos y otros. Demasiados de estos expertos opinan, deciden  y actúan en el sector (y ahora propondrían leyes) sin jamás haber tenido la experiencia concreta de vivir cómo funcionan por dentro las escuelas; es decir, viendo y sintiendo cómo pasa lo que allí ocurre. Sin embargo teorizan desde sus centros de estudio a partir de “papers” sobre modelos originados  en países con culturas y condiciones muy distintas a las nuestras. Y con eso creen saber qué habría que cambiar para mejorar la calidad de la educación y reducir su segregación o desigualdad. ¡Qué arrogancia!
            Lo cuarto que he aprendido es el peso que tienen los factores culturales, familiares, emocionales e históricos en el mundo de los profesores que son los educadores  propiamente tal. Ellos viven un mundo especial y propio. Suelen ser hijos y nietos de profesores; tener costumbres y una mirada muy propia, cargada de símbolos y experiencias  vitales difíciles de comprender para nosotros. Hablan otro idioma. Y no necesariamente ellos deben aprender el nuestro, sino nosotros el de ellos y ellas. No sólo  que no nos entiendan. Es que tampoco nos creen. Y con buenos fundamentos por la historia de promesas incumplidas y de ofertas postergadas que han tenido.
Personalmente tuve que volver a la universidad a los 60 años para empezar a entenderlos mejor. El peso de lo emocional lo habrás experimentado en carne propia cuando has leído o escuchado cuánto se han sentido ofendidos muchos miles con tus expresiones de  “embaucar”  apoderados.
                        Ahora sobre el fin del lucro, la selección y el copago; creo que se debiera  haber empezado por mejorar la educación que entregan las escuelas y liceos municipales, y con eso obligar a superarse a los particulares subvencionados, nivelando hacia arriba. Aquellos famosos tres fines – lucro, selección y copago - son estandartes de batallas ideológicas ajenas a la educación misma. Representa la utilización de la educación como argumento en batallas políticas. Esos slogans suenan muy potentes hoy. Pero son transitorios. Ambos ya hemos pasado por “la tierra para el que la trabaja” y varios otros por el estilo.
Así y todo, existiría hoy una mayoría ciudadana y un compromiso de la Presidenta con esos tres objetivos, y especialmente  con el fin del lucro. Comparto y acepto por eso la necesidad de este Gobierno de alcanzarlos. Pero escojamos medios adecuados;  que no causen un daño colateral superior al bien que pretenden alcanzar. Eso es lo que hace la compra-venta forzada de colegios. Es matar moscas con un cañón.
            Para el fin del lucro  habría varias medidas mucho más efectivas y simples. Una podría ser que los sostenedores no puedan tener una rentabilidad superior a cierta tasa máxima; algo análogo al  modelo que se usa en servicios públicos como el agua potable. Aprovechemos esos precedentes nacionales ya probados. Si los sostenedores no ganan más que eso  no habrá más lucro. Y muy simple de hacer cumplir: el Ministerio descuenta de la subvención si la rentabilidad superara esa cifra. Bajo esa condición nadie podrá decir fundadamente que un inversionista ingresará ni se mantendrá en el sector  sin tener vocación por la educación. Y el que tenga hoy un colegio en que esperaba ganar más, lo venderá al precio que pueda a quien esté dispuesto a educar sin lucro. Tan simple como eso.
            Otra medida podría ser poner un máximo al valor del arriendo que pueda pagarse por la infraestructura de un colegio. Estas son normas en que también hay precedentes, y que Impuestos Internos utiliza. Usémoslas ahora en educación, reforzadas por la supervisión de la Superintendencia recién creada.
            Además, una reforma eficiente centrada en mejorar calidad, podría contemplar la prohibición al sostenedor  de retirar  utilidades de todos los establecimientos escolares que no alcancen un desempeño mínimo establecido por la Agencia de Calidad instituida por la Presidenta Bachelet en su anterior Gobierno.
            ¿Qué hacer, sin embargo, a estas alturas cuando se ha presentado  un proyecto extremo que ha generado un debate tan ácido, polarizante y poco enaltecedor o educativo?  Me atrevo a sugerir algo con que podrías inaugurar una nueva era en la formulación de políticas públicas en Chile: La del diseño de políticas por evidencia experimental y no por criterios teóricos o ideológicos. Lo que sugiero  es usar más el método  seguido en la Reforma Procesal Penal para modernizar  la justicia, en vez del método de los ingenieros y economistas en el Transantiago para mejorar el transporte. La alusión que hizo la Presidenta de no repetir un Transantiago en educación tenemos que tomarlo muy en serio. Las reformas impuestas de una sola vez, sin ensayos parciales previos y gradualidad tienen un riesgo que ya conocemos. Consideremos su intuición.
            Lo que propongo entonces, es que se prueben en terreno, en la práctica, la eficacia de medidas como las del Proyecto de Ley en un número reducido de comunas y regiones y por un tiempo predefinido de tres a cuatro años, mientras simultáneamente se prueba en otras con medidas como la fijación de una rentabilidad máxima a los sostenedores aquí sugerida. Terminado el período  evaluar si se alcanzaron los fines buscados y sus efectos o costos directos e indirectos colaterales. Según esa evaluación, corregir y  decidir qué  tipo de reforma aplicar para terminar con el lucro a nivel nacional.
Este método por evidencia experimental  puede ser especialmente valioso para abordar los demás temas complejos que vienen, como son la desmunicipalización y el estatuto docente o régimen laboral de los profesores. Así, los medios más adecuados dejarían de decidirse sólo en función de ideologías, o mayorías políticas, para pasar a decidirse más por la experiencia práctica con ellos en el terreno.
            Es dañino continuar introduciendo tanta polarización, politización e incertidumbre en un sector tan sensible como la educación. Seamos más humildes y respetuosos con los miles de profesores, directivos, auxiliares, estudiantes y apoderados.  Los primeros están asustados temiendo perder sus puestos de trabajo. Los apoderados temen que sus hijos e hijas no puedan seguir teniendo el tipo de colegios que anhelan y los sostenedores temen perder el fruto de años de esfuerzo y su inversión. Con más calma y apertura estaremos más cerca de alcanzar una mejor educación para Chile.
            Atte.,
Ernesto Tironi Barrios
Economista, Profesor  y Sostenedor Educacional