Ernesto Tironi: Educación privada y subvencionada en el mundo
Quienes nos
opusimos a la reforma educacional de Bachelet2 no supimos explicarlo tan bien
como el Economist después de un extenso Reporte Especial. ¿Qué concluye ese
riguroso e influyente medio?
Durante cuatro años, en el gobierno
de Bachelet 2, Chile se embarcó en una de las tres más radicales reformas de la
educación escolar del país en el último siglo. Básicamente puso fin a un sistema basado en incluir
iniciativa y capital privados regulados por el Estado, para proveer educación escolar
pública masiva. Bajo ese sistema, Chile logró en pocos años entregar una
cobertura educacional de casi 100% a todos los/las jóvenes en edad escolar.
Además, pasó desde un nivel de calidad educativa mediocre dentro de América
Latina, a superar por lejos a todos sus vecinos en las pruebas de desempeño
internacionales.
La reforma educacional de Bachelet,
¿llevará a Chile en la dirección que va el mundo más adelantado y, en especial,
que llevan las potencias que serán dominantes a mitad de este siglo, como China
e India?
El fundamento básico para justificar
ese cambio en Chile fue “poner fin al lucro”, es decir, a que
emprendedores privados -en su gran mayoría ex profesores- obtuvieran utilidades
por la educación que entregaban a estudiantes que se beneficiaban de una
subvención del Estado. Se argumentaron también otros motivos: contribuir a
mayor igualdad de ingresos en el país y mejorar la calidad de la educación.
Pero nunca se precisó de manera convincente cómo eso se iba a lograr con esa
reforma.
Tuvo además propósitos más o menos
ocultos. Entre ellos destacaron elevar la matrícula de los establecimientos
estatales/municipales, que se quedaban sin alumnos ante la preferencia de
los apoderados por los particulares subvencionados que entregaban un mejor
servicio, y de esa manera congraciarse consus
profesores y sus sindicatos.
También la postura ideológica estatista de un gobierno socialista y el
esfuerzo por satisfacer los intereses de los dirigentes estudiantiles
universitarios y sus amplias alianzas para eliminar los créditos pagados
para acceder a estudios superiores.
Por último, dicha reforma se basó en
el apoyo de algunos académicos del sector educacional (principalmente estatal)
que construyeron un fundamento aparentemente “científico” de la reforma de
Bachelet. Si bien dicho fundamento fue muy parcial y dudoso, sirvió a sus
propósitos ideológicos y a persuadir parlamentarios populistas. Por ejemplo,
sus denuncias de la selección de estudiantes por parte de privados y la
presunta mejora de la calidad de la educación que se lograría al ponerle fin a
la selección. Usaron muchas citas parciales de estudios de entes
internacionales como la OECD y, en general, muchas teorías académicas, por
cuanto casi ninguno de esos “expertos” había tenido experiencia directa en la
gestión de establecimientos educativos. También argumentaron que ningún país
del mundo tenía un sistema educacional tan basado en la iniciativa privada como
el nuestro. Chile era una anomalía, dijeron, producto del neoliberalismo
extremo del gobierno de Pinochet. Y, en efecto, había pocos estudios empíricos
de la evolución reciente del sector privado en educación escolar.
Hace pocos meses,
la seria e influyente revista inglesa The Economist, publicó un reportaje
especial con un extenso y profundo estudio del tema. ¿Qué concluye sobre
sistemas educativos escolares en los principales países del mundo? ¿Le dará la razón
a Bachelet y a los propulsores de su reforma, o a sus críticos?
Quienes nos opusimos a esa reforma
(aunque no a todos sus aspectos) fuimos excluidos y descalificados; se nos
acusó de defender intereses personales de búsqueda de lucro, políticas
neoliberales y al gobierno de Pinochet. Es decir, de todo lo peor posible; de
ser el diablo mismo. Nuestros argumentos parecen no haberse escuchado. Por eso
me parece útil que los interesados conozcan más la opinión de una entidad
externa tan prestigiada como el Economist.
Precisando el
contenido de esa oposición a la reforma, no nos opusimos a terminar con el
copago de las familias en todos los colegios particulares subvencionados.
Tampoco al fin de la selección de estudiantes por parte de una mayoría de
escuelas. O sea, no objetamos las principales medidas que podrían contribuir a
una mayor igualdad social. Ni siquiera nos opusimos a establecer una tasa
máxima de utilidad que los establecimientos pudieran obtener o retirar. Lo
que rechazamos fue poner fin a la administración de escuelas por parte de
particulares percibiendo utilidades razonables. Dicho en simple, a que se
botara la guagua junto con el agua de la bañera. Sobre todo, en vez de
focalizarse por completo en elevar el desempeño de las escuelas estatales. Pero
casi nada de esto se tomó en cuenta y la reforma pasó como un tsunami por
encima del sistema educacional chileno.
En su editorial del 19 de abril,
2019, el Economist
comienza señalando:“Si el
gasto es una medida de lo que a la gente le importa, entonces los habitantes de
los países en desarrollo ponen los cerebros en un lugar de alto valor. Mientras
en el mundo rico, los presupuestos de gasto privado en educación se han
mantenido constantes en los últimos diez años, en China e India se han
duplicado. Los chinos gastan hoy el 5% del presupuesto promedio de cada
hogar en educación y la India el 4%, comparado con 2,5% de los norteamericanos
y 1% de los europeos. Como resultado de eso, las escuelas privadas, la
educación técnica profesional y la universitaria viven un boom en los países en
desarrollo.
Como el brainpower
es el generador primario de progreso, el entusiasmo surgido por invertir en
capital humano es una excelente noticia para el mundo. Pero no todos están
encantados. Porque la educación privada aumenta la desigualdad, algunos
gobiernos tratan de detener su avance. Eso, sin embargo, está equivocado:
deberían darle la bienvenida, pero expandir sus beneficios más ampliamente”.
Así introduce el tema el
Economist. La semana subsiguiente veremos qué concluye.